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domingo, 26 de agosto de 2012

Una tarde de lluvia

Llueve
detrás de los cristales llueve y llueve
Sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos llueve
...............................
Te podría contar
que está quemándose el último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.






Era una tarde bochornosa.El cielo encapotado auguraba tormenta.
Carmen temía  a las tormentas con un miedo irracional. Cerraba las ventanas a cal y canto, apagaba las luces dejando solo la de la habitación donde se recluía para arreglar papeles o acomodar recuerdos, por que el miedo le impedía concentrarse en la lectura.
Esa tarde tuvo un impulso inexplicable.
Cogió una guirnalda de campanitas que compró en Katmandú  ( los templos de esa ciudad lucían pequeñas campanas que sonaban acunadas por la brisa y el viento) Apenas colocadas en las ventanas,
comenzaron a tintinear incesantemente.
Buscó unos cuencos de madera de sándalo y los llenó ; uno con flores de jazmín, otro con curry y otro con comino, y los depositó en el suelo de la habitación.
Cogió un libro con hojas de papel de biblia y lo colocó sobre un cojín de lana. Encendió un sahumerio de sándalo. Se metió en la boca una pastilla de regaliz y cubriendo su cuerpo con la seda de un sari, se tendió sobre el suelo. 
Su mente se convirtió en un torbellino de imágenes, su cuerpo experimentó  extrañas sensaciones y luego.....la paz, el relax.

Como todos los 25 de Abril, Juan entró en la sala de costura, luego de abrir con cuidado la puerta. Cogió una caja forrada con papel de flores del último estante y sacó un sobre amarillento de su interior.
Desplegó como siempre el papel ajado por el tiempo, cubierto por una letra pequeña.

Todas las mañanas la cruzaba en el parque. Era morena. El cabello le caía hasta los hombros en grandes ondas. Los labios rojos y carnosos, las mejillas ligeramente pálidas y los ojos negros como el azabache.
Caminaba con la cabeza ligeramente caída. Abrazaba los libros sobre su pecho y sus pies se movían con ligereza, como si su cuerpo no pesara. Era esbelta y grácil.
La miraba pasar y se giraba cuando sobrepasaba su campo visual.
Luego de varias semanas logró hacer una mueca tipo sonrisa que ella contestó con gesto extraño.
Durante los días de Semana Santa no pudo verla y al lunes siguiente, apelando a toda su osadía se acercó a ella .Se ofreció a llevarle los libros, alterando su rutina y en dirección contraria. Ella lo miró con una amplia sonrisa y sin mediar palabra le entregó todo lo que llevaba ,rozando la piel de sus manos con las suyas.

La carta tiembla entre los dedos de Juan, que a estas alturas está en la cúspide de su emoción.
" Me sonreíste y te miré a los ojos, y en la profundidad de tu mirada me reflejé como en un espejo. Percibí en ese instante la sensación de una   llave que penetra en la cerradura y gira en su interior ; el encaje prefecto de la última pieza de un puzzle. Tiempo y espacio armonizados y mi corazón acompasado a tu pulso."
"Desde ese momento mi vida está ligada a la tuya. No se me ocurre pasar con otra persona que no seas tú las catástrofes naturales, los eclipses, las revoluciones, la felicidad y la desdicha".

Juan, como todos los 25 de Abril, vuelve a doblar la carta , la mete en el sobre y lo guarda en la caja. Sale despacio de la habitación.

Carmen se levanta del suelo, recoge los cuencos, se pone el abrigo y sale al exterior
Cruza el parque con unos libros en los brazos , dirigiéndose a la biblioteca. Al pasar por la fuente de los cisnes, una figura masculina se le acerca sonriendo........." Carmen, déjame ayudarte con los libros."
Es 25 de Abril, como cualquier otro día.





Gracias. muchas, muchas por vuestra visita.
Espero que esta tarde de lluvia os agrade.